El profesor y articulista Carlos Rontomé Romero analiza en un artículo publicado en El Debate las consecuencias que, a su juicio, está teniendo sobre Ceuta la crisis migratoria registrada a finales de julio y cuestiona la respuesta desarrollada desde entonces por el Gobierno central.
Bajo el título Ceuta ya no existe, Rontomé describe un clima de preocupación y desánimo entre parte de la sociedad ceutí más de cuarenta días después de las entradas masivas registradas en la ciudad. El autor considera que la actuación del Ejecutivo ha sido insuficiente y critica que no se haya atribuido públicamente a Marruecos una responsabilidad directa en el origen de la crisis.
El artículo pone especial énfasis en la percepción de inseguridad existente en la ciudad. Rontomé sostiene que desde finales de julio se ha producido un incremento de diferentes tipos de delitos y alteraciones del orden público y señala que esta situación ha modificado hábitos cotidianos y aumentado la preocupación entre los residentes. Estas afirmaciones forman parte de la valoración realizada por el propio autor en su tribuna.
Rontomé critica asimismo la forma en que, a su juicio, determinadas instituciones y sectores políticos han respondido a las preocupaciones expresadas por los ceutíes. Considera que las demandas de mayor seguridad y las denuncias sobre las consecuencias de la crisis han sido interpretadas en ocasiones como manifestaciones de racismo o xenofobia.
Frente a esta lectura, el autor reivindica el carácter plural de Ceuta y recuerda que la convivencia entre diferentes comunidades constituye uno de los principales rasgos de la ciudad. En su opinión, vincular las preocupaciones sobre seguridad con actitudes xenófobas contribuye a incrementar la tensión social en lugar de facilitar una respuesta a los problemas derivados de la situación actual.
El artículo también cuestiona la estrategia del Gobierno respecto a las miles de personas que permanecen todavía en Ceuta. Rontomé interpreta que una permanencia prolongada de esta población puede aumentar la presión sobre los servicios públicos, los espacios urbanos y la convivencia, y advierte del riesgo de que una situación sostenida de tensión termine generando una respuesta social más amplia.
A partir de esta reflexión, el autor vincula la evolución interna de Ceuta con las relaciones entre España y Marruecos. A su juicio, un deterioro prolongado de la situación social y económica de la ciudad podría ser aprovechado por Rabat para reforzar sus reivindicaciones territoriales y presentar Ceuta como una fuente permanente de dificultades para España.
Rontomé considera además que el debate sobre si el Gobierno disponía o no de información previa acerca de las entradas de finales de julio no debería desplazar la atención sobre la gestión realizada una vez iniciada la crisis. Para el autor, la cuestión principal es la capacidad del Estado para restablecer la normalidad y garantizar las condiciones de seguridad y estabilidad de la población ceutí.
El artículo concluye con una visión especialmente crítica sobre las consecuencias de los acontecimientos de las últimas semanas. Rontomé sostiene que la crisis ha provocado una transformación profunda de la vida cotidiana y de las expectativas de futuro de la ciudad, y reclama una respuesta institucional capaz de recuperar la confianza de sus ciudadanos.
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